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En este mercado, no es fácil determinar los mínimos. Porque no es fácil hacer una valoración objetiva. En el caso de una acción bursátil, podemos recurrir a las ventas para poder tener una idea general de un precio justo para la compañía. Sin embargo, en el caso de Bitcoin, la cosa es más complicada. Se podría suponer que el mínimo del año pasado es un soporte bastante seguro. Hay miedo, pero tampoco nos volvimos locos.

Si bien es cierto que, debido a la incertidumbre, hay mucho nerviosismo, el inversor entiende perfectamente que el 2022 se construirá sobre el 2021. El crecimiento puede que este año sea más lento debido a los recortes por parte de la Reserva. Sin embargo, no hay nada que nos indique que no habrá crecimiento. Después de todo, los recortes planteados no son muy agresivos. De hecho, pese a las pequeñas subidas de tasa, el entorno seguirá siendo bastante flexible.

El comportamiento de las ballenas en este soporte ha sido coherente con esta interpretación. El mercado está descubriendo su precio en tiempos de incertidumbre. Pero no se ha vuelto loco. Al menos no todavía.

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La prensa es muy hábil inventando razones. Por supuesto, las malas noticias suelen llegar juntas. Obvio que el pesimismo genera pesimismo. Y, de pronto, las malas noticias se suman al ambiente de mala suerte. Pero una noticia así en un ciclo alcista pasaría desapercibida. ¿O no? Debemos entender que los mercados son irracionales. Eso quiere decir que se forman de seres humanos repletos de emociones. Inversores en todo el mundo están muy nerviosos debido a un clima económico bastante incierto. No es casual que los precios decidan bajar en estos momentos.

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No tienen un pelo de tontos. Entendieron que para mantener la comunidad comprometida en un ambiente de tanta competencia tienen que reinventarse con frecuencia. Eso demuestra la habilidad de los cabecillas del proyecto. Esta visión nos indica que están pensando en el futuro y no simplemente en unas ganancias rápidas. ¡Bravo!

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Bitcoin es un activo cada vez más estable. Algo muy bueno en mi opinión. Sin embargo, está resultando muy aburrido para muchos minoristas. Bitcoin infectó a muchos con la fiebre de la codicia. Y la codicia es insaciable. El nuevo amor ahora son los proyectos más pequeños que debido a su falta de liquidez prometen grandes ganancias. Esa es, al parecer, la nueva dinámica de este mercado. Irónicamente, Bitcoin se está convirtiendo en la cripto institucional.

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En la práctica, Bitcoin y Ethereum no son rivales. Del mismo modo que el oro y el petróleo no son rivales. Los inversores han aprendido a verlos como los líderes de sectores distintos. Se podría decir que Bitcoin es el “oro digital”. Una reserva de valor para comprar y esperar. El activo de inversión más serio y consolidado de este espacio. Y Ethereum es una especie de Tech stock. O, digamos, el consumible de un nuevo mundo.

Bitcoin, en muchos sentidos, es un producto acabado. Ethereum, por otro lado, es un proceso. No sabemos a ciencia cierta la forma exacta de ese nuevo mundo por venir. No obstante, sabemos que es un futuro inevitable. El Internet de hoy es muy distinto al Internet de los 90. Pero, en los 90, sabíamos muy bien que Internet era inevitable.

¿Dónde estaremos en los próximos 10 años? Es muy difícil saberlo ahora. Pero no hay que ser un genio para saber que Bitcoin y Ethereum están a precio de oportunidad. La fe en el futuro tiende a llegarnos a la acción. Es decir, la fe de hoy ciertamente puede convertirse en una profecía autocumplida. Sí, estamos viviendo un breve y leve periodo de duda. Pero obviamente es un fenómeno pasajero. ¡Paciencia! La fortuna premia a los pacientes.